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Fernández acuerda con Cristina no cambiar el Gabinete ahora, pero se mantiene la presión interna

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El Presidente se reunió con los ministros más cercanos y decidió seguir al frente de la campaña; a su vez la vicepresidenta recibió a Axel Kicillof, Máximo Kirchner y “Wado” de Pedro en el Senado.

Pese al impacto de la derrota electoral no habrá cambios en el gabinete, al menos hasta después del 14 de noviembre. Así lo hizo saber el presidente Alberto Fernández a su equipo en las múltiples reuniones que mantuvo en las últimas horas. En esto coincidieron la vicepresidenta Cristina Kirchner, el gobernador Axel Kicillof y los principales referentes de La Cámpora, entre ellos Máximo Kirchner y Eduardo de Pedro.

La expresidenta estuvo reunida con su hijo, el mandatario bonaerense y el ministro del Interior, entre otros integrantes de la agrupación en su despacho en el Senado. La conclusión, según pudo saber LA NACION, fue que cualquier modificación de ministros será después de la elección. Eso sí, desde el kirchnerismo duro ya avisaron que la durísima derrota de ayer saldó la discusión interna sobre la necesidad de relanzar la gestión con un cambio profundo.

“No hay que ponerle tanto dramatismo, no es la primera elección que perdemos”, buscaron minimizar cerca de los popes camporistas.

En el encuentro Cristina Kirchner, Kicillof, el jefe del bloque del Frente de Todos en Diputados y el ministro del Interior repasaron los números de la elección en todo el país y hablaron sobre la necesidad de avanzar con medidas económicas que permitan recuperar el salario real.

El jefe del Estado, que almorzó con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero -uno de los principales apuntados-, y los ministros Gabriel Katopodis (Obras Públicas) y Juan Zabaleta (Desarrollo Social), decidió que continuará al frente de la campaña, mientras pule los detalles de una batería de medidas económicas focalizadas en la clase media y baja. Los anuncios comenzarán esta semana, según adelantaron cerca del mandatario.

En paralelo, el ministro coordinador recibió en su despacho a medio gabinete. Desfilaron por su oficina Katopodis, Zabaleta, Martín Guzmán (Economía), Matías Kulfas (Desarrollo Productivo), Sabina Frederic (Seguridad), Carla Vizzotti (Salud), Matías Lammens (Deporte y Turismo), Claudio Moroni (Trabajo), Jorge Ferraresi (Hábitat) y Nicolás Trotta (Educación). La orden que bajó Cafiero fue acelerar la gestión en estas ocho semanas.

Habrá un seguimiento exhaustivo de cada área. “Fue un ultimátum”, reconocieron fuentes oficiales. Pero además les exigió mayor presencia territorial. Todos deberán acompañar a los candidatos en sus recorridas. Mañana, en Almirante Brown, el Presidente dará comienzo a la segunda etapa de la campaña.

En la Casa Rosada diferentes funcionarios aguardaban a sus jefes en distintos pasillos. Las caras largas se mezclaban con la bronca. Uno de los principales apuntados fue el titular del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), Roberto Bacman, a quien responsabilizaron por la falta de datos fidedignos, lo que generó, por ejemplo, que cerca de las 19.30, Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Victoria Tolosa Paz, salieran al escenario en La Plata para festejar.

Desde el centro de cómputos en el Correo, a Wado de Pedro no le daban los dedos de las manos para escribir decenas de mensajes para desactivar la celebración. Ya los primeros datos no eran alentadores.

Con el golpe aún fresco tras la paliza electoral de Juntos por el Cambio en casi todo el país, incluyendo los seis principales distritos electorales: Buenos Aires, Córdoba, CABA, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos, cada terminal de poder del Frente de Todos hizo un análisis de la elección. El diagnóstico fue similar: la crisis económica, pero especialmente la caída del salario real fue determinante. Ahí estarán dirigidos, según adelantaron fuentes oficiales, los próximos anuncios.

“Tenemos tiempo para recuperar votos, quedan dos meses. Recién está arrancando la economía”, dijo uno de los hombres de máxima confianza de Fernández. Uno de los datos que hicieron circular durante el día para reforzar ese mensaje fue que la inflación de agosto estará cerca del 2,5 por ciento.

Pero en las evaluaciones que realizaron en Balcarce 50 y la Cámara alta también tuvo un lugar destacado el impacto que tuvo el Olivosgate en el humor social. “Nos golpeó feo. Se mandó una cagada”, reconocieron cerca del Presidente, que hizo una catarsis ayer por la noche tras el discurso que dio en la que reconoció la derrota.

El jefe del Estado partió del búnker oficialista rumbo a la quinta presidencial de Olivos donde cenó pizza junto a Cafiero; el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, y el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi.

En medio de la desazón general por el resultado de las PASO, en la Casa de Gobierno masticaban bronca por lo que señalaron como una operación para desgastar al gobierno nacional. Por lo bajo, para evitar sumar nuevas tensiones, algunos funcionarios ven la mano de La Cámpora y el massismo. Pese al malestar general, “no hay margen” para una ruptura de la coalición que gobierna el país. “Estamos todos en esto. El Frente de Todos va a seguir unido”, afirmaron fuentes oficiales el día después de la debacle electoral.(Fuente: LA NACION)

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